Ziggurat


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A medio camino entre los shooters más clásicos, los Dungeon Crawlers y el Roguelike

A inicios de 2015, y tras su lanzamiento para PC a finales del año anterior aparecía, para las videoconsolas de octava generación, el que en ese mismo instante era el último juego creado por uno de los estudios españoles con más posibilidades de convertirse en un grupo afamado: Milkstone studios. Hasta ahora centrados en proyectos de pequeña índole, nos permitían disfrutar de su magnífico Ziggurat, un videojuego a medio camino entre los shooters más clásicos, los Dungeon crawlers y el Roguelike.

Imaginad un juego en el que hay muerte permanente, y en el que cada partida se disfruta dentro de unos escenarios generados proceduralmente, donde nunca se dan dos configuraciones de niveles exactamente iguales.

La misión, o la que parece más importante de inicio, es la de superar las cinco fases del juego para descubrir el auténtico secreto que esconde el zigurat, lugar donde los aspirantes a magos realizan una prueba de supervivencia que los convertirá en aptos o que terminará con sus vidas.

Llegaréis varias veces a superarlo, pero por el camino os daréis cuenta que es más interesante puntuar mejor que centrarse en llegar al final y que, además, en cada partida iréis desbloqueando nuevas armas, nuevos poderes y personajes con distintas habilidades y con balances propios.

Cada enemigo que venzáis os premiará con experiencia, la cual os permitirá subir de nivel y optar entre dos poderes que aparecerán aleatoriamente: desde mayor resistencia física o daño agravado, hasta velocidad de disparo mayor o recuperación de vida mediante la destrucción de los objetos que pueblan el escenario. Son muchas y la mayoría están muy bien pensadas.

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Como estas habilidades, al igual que las armas, aparecen de esa forma aleatoria que antes os comentaba, la sensación de que las reglas cambian en cada nueva partida es algo bastante palpable, a lo que hay que añadir las variantes posibles que se dan con el mismo azar por norma: las estancias pueden contener enemigos que, de repente, se mueven lento, al doble de velocidad o que cuentan con resistencia extra.

En algunos lugares tendremos que recolectar tesoros mientras esquivamos enemigos, en otros, destruir ciertos generadores antes de acabar con los esbirros de turno y en ocasiones hasta nos encontraremos con zonas que coquetean levemente con las plataformas y los saltos e inclusive con habitaciones plagadas de trampas…y nunca se repite su disposición o aparición.

Si a esto le sumamos que elegir a un personaje u otro puede hacer que nuestro disparo por defecto se recargue más rápido (algo que hace variar muchísimo los combates), que los enemigos tiendan a ser más o menos agresivos o que de inicio contemos con distintos baremos de resistencia o de velocidad, pues llegamos a la conclusión de que en pocos shooters o arcades modernos tiene tanto sentido rejugar.

No se acaba ahí la cosa, porque poco a poco vamos descubriendo nuevos enemigos finales (poco inspirados en cuanto a rutinas, eso sí), zonas secretas y novedosas variantes de los enemigos básicos, así que ziggurat termina por convertirse en algo así como “el shooter de escritorio perfecto”, y digo lo de escritorio porque es ese tipo juego que todo el mundo tiene de fondo para echarse una partida rápida.

Y es que el pique está asegurado, porque gracias a esa muerte permanente, cada vez que iniciéis un nuevo viaje os centraréis en llegar a un nivel superior (de experiencia) que antes no alcanzasteis, y entre esto y las variables  comentadas, mínimo que os da para unas buenas 20 o 30 horas de juego.

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Lo mejor, aun con lo dicho, es que a los mandos se siente tan clásico y tan agradable como Hexen o Doom, por poner dos ejemplos sonados, y aúna muy bien la simpleza a los mandos con su gran cantidad de posibilidades. Además, es un juego bastante bonito, muy agradable para la vista y que emplea de muy buenas formas el engine Unity, el cual, y es un problema menor, tiende a rascar un poco en las actuales videoconsolas, aunque aquí suele mantenerse sobre los 50 frames por segundo la mayor parte del tiempo.

Es directo, bastante frenético en no pocas ocasiones y tiene ese feeling a los mandos tan difícil de expresar con palabras y que no todos los juegos integran. Como fallo más destacable, se puede decir que pasadas esas 20 o 30 horas iniciales el factor sorpresa disminuye mucho, aun siendo divertido todavía, porque los chicos de Milkstone debieron crear más situaciones diferentes, pero quiero insistir en que son pequeñas taras, propias de una producción con un presupuesto seguramente muy moderado.

Por los apenas 20€ que cuesta, y teniendo en cuenta su calidad jugable,  visual y sonora (apartado que no he mencionado pero que es sumamente acertado), me parece hasta un imprescindible, y si no lo tenéis y os gustan los first person shooters, deberíais ir corriendo a por él. Un título excelente por un precio irrisorio. Lo tenéis disponible tanto en versión física como digital.

Israel “Metalman”

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